martes, 7 de febrero de 2006

Reemplazo

Escrito por Isabel Villarreal. Publicado originalmente en el blog Screaming in the trees.

Cuando iba caminando para tomar el camión en Simón Bolívar para el cine, vi un pequeño perro negro en la esquina. Se cruzó de calle y me asusté de que lo atropellaran, pero no hice nada. Seguí caminando y el perro también. Caminaba en paralelo pero a una distancia considerable para que me estuviera siguiendo. Di vuelta en Aztlán y él también. Zigzagueó un poco, se paró a orinar. Luego a tomar agua de un charco. Se veía un poco tonto y muy vulnerable. Él estaba tan sucio como el agua.

Llegué a la parada y vi venir el ruta 10. Pensé que era inevitable que lo atropellaran: no caminaba derecho, no podía correr, se dirigía a Simón. Se sentó al lado de mí. Se empezó a rascar mientras yo veía el camión acercándose. Una de sus patas estaba completamente pelada, quizá por la sarna, y su piel rosada tenía algo de sangre. Mi necesidad de rascarlo casi me gana. El camión amarillo se detuvo frente a mí, él seguía rascandose. Subí los escalones y le dí tres pesos exactos al conductor. Al arrancar vi al perro correr más despierto que nunca por la calle Aztlán hasta que me senté en uno de los lugares y empecé a pensar en otras cosas igual de tristes.

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