Escrito por Jaime Garza. Publicado originalmente en el blog Pavimento.
No sé si sean los años. A veces en tono de broma dicen "ya estás viejo Jimmy, no es lo mismo ahora". Y sí, la espalda me duele más seguido, tengo que tomar siesta por las tardes, a duras penas logro ver una película completa sin quedarme dormido y si puedo sentarme a escribir más de un párrafo seguido es motivo de celebración. Pensándolo bien no creo que sean los años, el estilo de vida es el que jode. Hay que pagar la cuenta de todas aquellas noches sin dormir y los días que pasé sin hacer ejercicio. ¿O no? Tal vez sea otra clase de cansancio. Soy una persona de pocos amigos y casi nunca los veo, pueden pasar meses sin que estreche la mano de alguien. No me agrada conocer personas. Así sean escritores, pintores o zapateros, lo más seguro es que los deteste. Salir es motivo de preocupación, hay un esfuerzo terrible en ir a comprar una bolsa de sal al super, lo más seguro es que alguien me de una zancadilla y tenga que hacer algo al respecto. Es cierto, en mi auto llevo un tubo de acero y no lo pensaré dos veces antes de usarlo. No lo escribo para impresionar a nadie. Es un tubo muy pesado y es odioso cargarlo. No debería estar ahí y todos los demás deberían ser más amables. En alguna parte escribió Ray Loriga “una pistola y nadie a quien disparar, esa es mi idea de la felicidad”. El arrebato, los puños y los tubos de acero pesan demasiado. Es el extremo duro de ir a la contra. Mis rodillas están temblando por llevar ese saco de granadas sobre la espalda y es inútil, el enemigo es numeroso y no alcanza para todos. Nadie ha dicho que la batalla se ha perdido, hay que darle paso a la estrategia, dejar que el analista diga a dónde apuntarán los misiles. Construir un arma poderosa.
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